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Escultura Nocturna por Carlos Martorell

 

En 1985, Guillermo Bonet, junto con Alicia Nuñez, inauguraron la discoteca Otto Zutz. Ninguno provenía del mundillo de la noche. Quizás, debido a ello, dieron a Otto Zutz un cariz tan cultural.

Entre los años 1985 y 1998, no se iba solo a bailar a la que fue la más importante discoteca de Barcelona, de aquella época. Guillermo Bonet, alma mater de Otto Zutz, organizó conciertos de rock y de jazz, exposiciones de fotografía y pintura, y happenings al más puro estilo neoyorkino.

 El hecho de que la discoteca estuviese dividida en varios espacios y en diferentes pisos, facilitó la creación de todo tipo de performances.

Marcado por la influencia del estilo rompedor y vanguardista de la Factory de Andy Warhol, Guillermo creó la revista “La Hora Zutz”, de contenido más cultural que discotequero.

 Recuerdo la fiesta titulada Thinking of you, Andy”, en que se tapizó toda la discoteca con papel de plata, para emular una de las decoraciones de la primera época de la Factory. Y todo el personal iba maquillado acorde con la metálica decoración.

El peculiar y original estilo de Otto Zutz convirtió ese lugar nocturno en el sustituto de Boccaccio. Muchos miembros de la llamada Gauche Divine se dieron cita en Otto Zutz, codeándose con artistas, diseñadores y personalidades del mundo de la cultura. Puedo citar a: Ricardo Bofill, Federico Correa, Oscar Tusquets, Oriol Bohigas, Terenci Moix, Juli Capella, Mariscal, Toni Miró, Salvador Clotas, Joan Manel Serrat, etc.

Me gustaba mucho el lado teatral de Otto Zutz. Su creativo y espectacular juego de luces. La proyección de diapositivas sobre las paredes. Los murales pintados por Viçens Viaplana. O la utilización de viejos decorados del Teatre del Liceu, que alquilaban los hermanos Vilá.

Coincidiendo con el “Forum de la Mediterranea”, en el Otto Zutz se realizó una impresionante decoración para la fiesta “Cleaning the Sea”. Con un decorado del Liceu, y un montón de plásticos, botellas, latas y demás deshechos, pintados con spray, se creó un fondo del mar, sobre el que retozaba una bella sirena.

La apariencia idílica de ese fondo marino, se desvanecía al aproximarse uno y constatar que estaba formado por basura. Fueron también memorables la exposición dadaísta de Francis Picabia, o el montaje “La Ciudad Instantánea de Ibiza”.

El interiorismo de Otto Zutz atrajo a algunos fotógrafos de Moda que, en varias ocasiones, convirtieron la discoteca en un estudio de fotografía. La propia Claudia Shiffer hizo una sesión fotográfica en el Otto.

Hubo de todo en el Otto Zutz. Y el happening más impactante fue la actuación de la famosa y escandalosa Susan Barts, de Nueva York.

Sobre un escenario lleno por unos treinta músicos y bailarines, una mujer negra desnuda, sentada sobre un taburete, se embadurnaba la vagina con vaselina, para luego extraer de su sexo metros de cinta pegajosa, que hicieron pasar entre las cabezas del público. Luego, la mujer de color, se apretó un seno y regó con leche materna a los que estábamos en primera fila. Y para acabar, metió varias veces la mano en el pote de vaselina, y la lanzó sobre el cabello de los asistentes.

Yo, para compensar ese desatino underground, puse un toque de elegancia con la fiesta “Vichysoisse a go-go”. El motivo de aquel evento fue convocar a los invitados para darles la tarjeta VIP. Decoré la discoteca con muebles barrocos pintados de dorado, y enormes candelabros que combinaban con una luz violácea.

Para la ocasión se creó una plataforma de metacrilato, como un pequeño montacargas, sobre el que descendió, por el hueco central de la discoteca, Alex, el llamado Hombre Araña. La primera vez lo hizo ataviado como Luis XIV, al son del “Brindis” de la Traviata. Y la segunda vez, disfrazado de demonio, con el himno “Barcelona” como fondo musical.

Mientras, el personal de servicio, vistiendo uniforme blanco y gorro de cocinero, desfilaba en fila india, portando bandejas con las tazas de vichysoisse. Con la creación de la zona VIP, en el último periodo, se dieron cita famosos deportistas, modelos como Naomi Cambell, y cantantes como Sade, o Eric Clapton. Para después del concierto de Eric Clapton, organicé una mesa en la zona VIP, con Lorenzo Queipo de Llano y la famosa diseñadora de joyas de Tiffany Elsa Peretti, entre otros, que ahora no recuerdo. A petición del cantante de “Cocaine”, no deberían servirse bebidas alcohólicas en la mesa. Me pareció muy respetable que Clapton, a la mañana siguiente, se presentara en Alcohólicos Anónimos, cosa que hacía desde algún tiempo. Y, finalmente, recuerdo también la presentación de mi primera novela “Réquiem por Peter Pan”, con la proyección del vídeo: “Carlos Martorell. 30 años de trabajo polifacético”. Como polifacético y creativo demuestra ser, también, el trabajo de Guillermo Bonet, por su nueva andadura como escultor. Sus esculturas me parecen muy estéticas, de líneas limpias y llenas de equilibrio.

 

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